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Las Viñas, uno de los barrios más modernos de la ciudad, también necesita atención PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Redacción   
jueves, 04 de febrero de 2010

Desde que se construyeron los esbeltos edificios que conforman la zona, a finales de los ochenta, salvo el parque, una fuente, elementos para juegos infantiles y una pista polideportiva, no se ha hecho nada por reponer baldosas, arreglar aceras y mejorar infraestructuras urbanas · Una parte del barrio se ha convertido, también, en basurero público ·

100204-vinas-necesita-atencion.jpgLas Viñas es el barrio, si exceptuamos las urbanizaciones de Siglo XXI y Vista Alegre, más moderno de la ciudad. Sus esbeltos edificios se levantaron a finales de la década de los 80, transformando la línea del cielo de la capital de la provincia. Ya existía, pues, una Zamora más allá de las Tres Cruces; bajar, entonces, a partir de ese instante, a la estación del ferrocarril constituía un paseo oscuro, extraño e intranquilo.

Cierto que lo que era una viña abandonada, campo abierto, lugar para divertimento y aventuras de la infancia, dio paso a otra vida distinta, más urbana, más moderna. Solo un problema: la autovía, trazada como parte constitutiva del nuevo, último, viaducto sobre el Duero, encerraba a los vecinos de esta nueva y moderna barriada en su zona, con el consiguiente peligro para cruzarla y acceder al centro de la ciudad, además de levantarse la nueva estación de autobuses en el cogollo del barrio, que así cargaba aún más movimiento de vehículos por la zona.

Vivir en Las Viñas se había convertido en un placer para los que gustasen viajar en tren o en coche de línea. Y, cómo no, para los jóvenes zamoranos que deseasen estudiar una carrera media de ingeniería, porque, con cruzar una calle, se hallaban en el Campus Viriato.

Los miles de vecinos del distrito, entre los que cabe citar a Rosa Valdeón Santiago, alcaldesa de la ciudad, condicionaron la apertura de, sobre todo, cafeterías, bares y restaurantes, amén de otras tiendas dedicadas a distintos sectores.

Este cuento que ahora relato, se inició, como antes escribí, allá por los últimos años de la década de los 80; pues hete aquí que, desde entonces, pocos cuidados ha tenido el barrio, salvo el extraño parque que se plantó durante uno de los mandatos de Antonio Vázquez, al que se adosó una estatua dedicada al jesuita fundador de las reducciones del Paraguay; una fuentecilla, modernizante, que funciona sin una periodicidad y otra, de bonito diseño, frente a la entrada principal de usuarios a la estación de autobuses, y un pequeño parque infantil, más una pista deportiva.

Pero ya digo, el paso del tiempo, como acontece en otros barrios de la ciudad y la escasa profesionalidad, conducen a que las baldosas de las aceras se hundan, se partan, se rompan e, incluso, desaparezcan de su sitio y dejen al aire el cemento, obligando al peatón a saltar, porque si pisa encima podría ocasionarle algún disgusto (ofrecemos alguna fotografía sobre este déficit de baldosas).

Muy cerca de la estación de autobuses, como “canta” la fotografía, aparece una larga grieta, de unos diez metros, que divide en dos las baldosas de una plazuela. La imagen que se ofrece al viajero que llegue a nuestra ciudad vía bus es poco, por decirlo de manera eufemística, edificante.

Alguna que otra vez he reclamado al Ayuntamiento la creación de cuadrillas de operarios que pusieran remedio a estas pequeñas, pero graves cosas, que aparecen por doquier. Al respecto, he observado que ya se opera en distintas zonas de la ciudad, lo cual alabo. Estas páginas quieren contribuir a señalar lugares donde se debería actuar cuanto antes. Aconsejaría, al concejal de Obras, tan criticado por la oposición, Francisco Javier González, que enviase a sus albañiles a concretar arreglos barrio a barrio. Sin ir más lejos, a Las Viñas, donde la alcaldesa verá, todos los días, los desperfectos que muestran aceras, escaleras, fuentes, pavimentos.

Como colofón a este repaso, superficial, a Las Viñas, aviso al Ayuntamiento de que, al final del convento de Las Clarisas, en una zona no pavimentada, se arrojan basuras con cierta asiduidad. El personal, esa clase de gente para la que lo público no es de nadie, gusta desprenderse de lo que no le sirve, en terrenos que parecen provocar ese tipo de comportamiento. Cómo será esta gentuza que el cartel del Ayuntamiento que prohíbe arrojar basuras ha sido completamente garabateado.

 
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